jueves, 3 de julio de 2014

Declaración sobre la entrada en servicio de Atucha II y la necesidad de hacer un replanteo de la cuestión nucleoeléctrica


En los documentos en los cuales los Ex Secretarios hemos ido exponiendo nuestro pensamiento, ha quedado claro que consideramos al sector nuclear como una de las alternativas interesantes y posibles para poder cambiar la matriz energética, excesivamente dependiente de los hidrocarburos.

Argentina posee una rica historia en materia de desarrollo de la tecnología nuclear que se remonta a la creación misma en 1950 de la Comisión Nacional de Energía Atómica. Nuestro país ha sido pionero en este desarrollo, tal como lo acreditan la ejecución de las centrales Atucha (1974) y Embalse (1983), la performance de operación de estas centrales en los últimos 40 años. Son destacables los importantes logros en medicina nuclear y el aporte al desarrollo científico y tecnológico argentino y a la formación de recursos humanos de excelencia que han hecho la CNEA y las instituciones vinculadas al sector nuclear en todos estos años.

Es un hecho muy auspicioso que la Central de Atucha II esté finalmente cumplimentando desde fines de mayo las rutinas de puesta en marcha: primera puesta a crítico y conexión a la red con vistas a su operación comercial, que anhelamos tenga la misma performance de eficiencia que tuvieron las centrales que las precedieron. Sabemos de las dificultades técnicas inmensas que significó llevar adelante esta tarea; nuestra felicitación y reconocimiento para los técnicos de NA SA.

Sin embargo, resulta cuanto menos llamativo que el ministro De Vido  califique a la Central Nuclear Atucha II como uno “de los hitos más trascendentes en materia energética”. Esta afirmación hecha en un contexto de crisis energética profunda, como la que atraviesa hoy Argentina y hecha en los finales de un gobierno, merece al menos un comentario por nuestra parte y una advertencia.

Lo que requiere un sistema energético

Desde el punto de vista del funcionamiento de un sistema energético, la experiencia de estar inaugurando en 2014 una central contratada en 1980 es una experiencia que no puede volver a repetirse.

Un sistema eléctrico bien planificado requiere la instalación  de centrales eléctricas de diseños probados, ejecutados en tiempos de obra normales (7 años en una central nuclear), con una financiación asegurada, y con costos de construcción reales que no excedan de los proyectados. No alcanzar estos objetivos implica afrontar grandes inconvenientes futuros que recaerán en los usuarios del sistema energético, y en la economía toda.

La experiencia de Atucha II, una central prototipo con un diseño que ningún país del mundo utiliza y cuyo diseñador, la empresa alemana Siemens, dejó de fabricar por no competitivo, fue contratada en 1980 sin contar con fuentes de financiamiento que aseguraran los fondos necesarios para terminar la obra en tiempo y en forma. Esta experiencia no se debe repetir, para lo cual -una vez terminados los festejos y discursos que seguramente tendrán lugar con motivo de la inauguración oficial- debe analizarse dicha experiencia con minuciosidad, transparencia  con objetividad para no repetir errores.

La terminación de Atucha II: los montos y los plazos

No puede pasarse por alto que el gobierno del presidente Néstor Kirchner decidió, en 2004, finalizar la obra. Para ello se tuvieron en cuenta dos datos relevantes  que se destacaron al tomar esta decisión: el principal es que, según lo oficialmente informado,  para completar Atucha II sería necesaria una inversión razonable del orden de los US$ 700 millones, que para una potencia bruta de 745 MW la tornaba muy atractiva. El otro dato muy importante, destacado por las autoridades, señalaba que el plazo de ejecución sería de apenas 52 meses, o sea que a fines de 2010 estaría en operación comercial.

Esos 745 MW eran importantes, porque la capacidad excedente en generación que había recibido la administración Kirchner se iba agotando, y aunque lo negaran, ya resultaba insuficiente, dando origen en 2007 a una  crisis de abastecimiento eléctrico.

La realidad resultó ser muy diferente a aquellas estimaciones iniciales realizadas por las autoridades ministeriales: los costos de construcción se multiplicaron más de cuatro veces: el último dato conocido es que ya se llevan gastados más de US$ 3.200 millones, y los plazos se han duplicado.

Pero no solo es grave esta falla en la gestión. También hay que  señalar la absoluta falta de transparencia en los gastos y las contrataciones.

Nuestra conclusión es que un desvío tanto respecto de los gastos incurridos, de casi 400% respecto a lo anunciado al tomar la decisión, como de los plazos con un 100% de exceso en el cronograma de obras, requieren una explicación detallada y verificable por parte del Ministerio de Planificación Federal. O la decisión  estuvo mal tomada y habrá que asumir una responsabilidad política, o bien existen sobrecostos por gestión deficiente de las contrataciones. 

Se impone una auditoria sobre lo actuado entre 2004 y 2014

Resulta imprescindible realizar una auditoría integral para conocer:

1) Por qué y en qué se ha producido tan importante desvío respecto del presupuesto inicial,

2) Otras decisiones discrecionales de contrataciones y compras.

El futuro nucleoeléctrico argentino

Es fundamental para el futuro del desarrollo nucleoeléctrico argentino su inserción armónica y racional dentro de sector energético argentino. Debe comprenderse que no existe posibilidad de desarrollo autónomo. La experiencia de Atucha II debe ser transparentada, entendida y aprovechada.

Argentina necesita, en caso de construir nuevas centrales nucleares, que estas sean de diseño probado (es decir nunca más un prototipo), que tengan asegurada su factiblidad técnica, económica y ambiental, que antes de comenzar su ejecución tengan la  financiación asegurada y finalmente que su inversión pueda ser repagada con las tarifas de los consumidores.

Vemos con mucha preocupación que el gobierno, a un año de dejar su mandato de 12 años, y con un presupuesto nacional con un elevado déficit fiscal y fuertemente distorsionado por los subsidios energéticos, se embarque en proyectos nucleares que condicionen fuertemente el futuro y sin haber hecho los estudios necesarios ni promovido el debate más trasparente que esta importantísima cuestión requiere.

Propuesta

Finalmente, creemos que vale la pena que la política nuclear argentina se enmarque definitivamente en compromisos de largo plazo que comprometan a las fuerzas políticas nacionales y también a sectores académicos y empresariales en un esfuerzo conjunto y de largo plazo.

Los Ex Secretarios de Energía hemos propuesto en forma abierta y sin exclusiones a las fuerzas políticas nacionales una DECLARACIÓN DE COMPROMISO, que está siendo firmada por las principales fuerzas políticas argentinas, incluyendo hasta este momento a tres precandidatos a la Presidencia de la Nación para las elecciones nacionales de 2015.

En lo específicamente atinente a  la cuestión nuclear, el punto IV establece:

“OBJETIVOS PARA LA CONSTRUCCIÓN DE CENTRALES NUCLEARES:
“Por ley especial del Congreso, se determinarán los objetivos del Plan de Construcción de Centrales Nucleares en base a las necesidades energéticas proyectadas y a criterios técnicos, económicos y ambientales. Se promoverá el desarrollo de generación nucleoeléctrica a través de un programa que contemple: la actividad de la industria atómica y su tecnología, las últimas condiciones de seguridad a nivel mundial y las factibilidades económica y financiera”.


Firmado:
Emilio Apud - Julio César Aráoz - Enrique Devoto - Roberto Echarte
Alieto Guadagni - Jorge Lapeña - Daniel Montamat - Raúl Olocco


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